sábado 13 de septiembre de 2008

YO, JARRÓN

Cuando un jarrón cae al suelo, y otro, y otro, no se puede dudar que aún queda otro, otro, otro y quizás otro más a punto de alcanzar la altura de tus pies y hacer temblar tu tímpano de sorpresa o, peor, de miedo. ¿Por qué empeñarse en ejemplificar la teoría de la gravedad con inocentes manzanitas? ¿Es éste el modo de deshumanizar nuestro fatal destino cosificándolo con pulpa sin sangre, piel sin pelo, apenas huesos…?

Sin embargo ¿qué es un jarrón? ¿No es nuestro cuerpo encerrando toda una suerte de pequeñas almas, unas irremisiblemente olvidadas, otras reconocidas al primer vistazo entre una menudencia, quizás polvo ya, de muertes mucho más prematuras?

¿Y esa boca? Por ella se han proyectado fuegos artificiales en tiempos de euforia y fiesta; flores frescas para recibir al huésped del amor, de plástico o de papel perdidas las ilusiones de su llegada. O simplemente no han estado, y han hablado con su ausencia de lo que significa el olvido más vergonzoso. Lo hemos visto todos: jarrones invasores a los que se les ha abierto la puerta sin ofrecer resistencia, que han usurpado el sillón a su dueño por derecho hasta que una simplísima torpeza los han convertido por su inmanente debilidad en una colonia de inútiles añicos. Mala suerte para ellos.

Habitan jarrones de barro tosco, de fina porcelana, de cristal puro e impuro, pequeños, medianos y grandes, con cintura de avispa y con vientre de preñez, asibles algunos con un solo dedo y solo aptos para una o dos manos la mayoría. De marca y con apellidos vulgares. De los que reflejan el cielo cuando están junto a una ventana y de los que se tragan las sombras de la bajeza; infante joven, o ese viejo, doctorado ya en los rostros y disfraces de los ciclones de dolor que la Historia (de ayer, de hoy y de siempre) regurgita con cada una de sus malas digestiones.

¡Y qué sorpresa, cierto, esas monedas tan abajo! Escondidas así de hondo…, nunca sabido si con toda la voluntad o porque su propio peso las arrastró hasta allí. Imaginaremos posibles credos sujetos a soborno o, tal vez, ese aviso de cartería del que todo el mundo negó ser el destinatario. Según cuándo se derramen, dónde y ante quién, esas monedas serán aprovechadas o no, como órganos para trasplante: en otras entrañas de jarrón podrían volver a su oscuridad.

He llorado ante algunos de ellos, los he mojado al acercar mi mejilla y he tenido que secarlos rápidamente por respeto. No me ha importado saber cuánto me ocultaban porque me bastó en nuestros encuentros con esas palabras inaudibles arrancadas en el roce mutuo. A los demás los he ignorado o, mejor aún, he deseado verlos tras un concurrido escaparate víctimas de la moda o de la cultura de museos, es decir, siendo casi nada o demasiado.

Todos los jarrones tenemos ombligo,
vital garfio que por dos veces quiebra.

Newton se equivocó: no cae la manzana, sino el hombre.

viernes 15 de agosto de 2008

INAPARENTE NOPAL

Miraste sin verlo
mi nopal de índigo azul
¿ausente?

Lo vestiste
con lenguas de cotorra muda,
y pasaste por su lado
trepando la horizontal de salida
con tus pasos de objetor.

Yo veo esa humilde fárfara
que le da la compañía de sí mismo
aunque no sea más que la línea de su margen
junto al aire común.
Veo como la neblina de sudor
que lo envuelve
cuelga cántaros de sus lanzas
de sal
para que el sol robe y beba.

Siento su quietud
irreemplazable,
el silencio tragado savia adentro
que un día se convertirá en murmullo
al cortarse las venas.
Y sé de sus miserias lo suficiente.

Me lastima tu ignorancia,
¿dónde se fraguó
esa inapetencia alimentada
de desidia incontinente
que te arrima a colas de peces
legañosos e insensibles
y que te hace preferir
la lluvia que cae
al aljibe que te dobla?

Tu inmunidad
a sus calambres de añil eléctrico,
tu sordera
al restallido de su cuerpo de látigo,
ese paladar distraído
que no masca sus frutos…
juntarían tierra suficiente
para echarla al mar
hasta sofocarlo.

Tu indiferencia no es casual, no;
tiene manos que nacen en la espalda,
manos que aran y siembran
para dar vida
a un fantasma sin muerto.

Azul es mi nopal,
luto es
a insulsa experiencia,
y en ella, recuerda, vacío es simiente
de ese colmo tuyo llamado nada.

domingo 13 de julio de 2008

ELLA

Dama, dama
sola, sola,
él, ella
vuela, vuela,
llora, llora.
Dama, dama
calla, calla,
sueña, sueña.

Ella, sola,
él acompaña.


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domingo 15 de junio de 2008

PATRONES DE CONSUMO

Exiliada de su tierra
viaja la caracola
para regresar a ella
y junto a ella deshacerse
con los impetuosos embates
de la mar.

Así fue mi odisea
huyendo a cada paso de su rompiente,
tuna e inspirada
en cada ineludible lindero,
serena en su cadalso último.

Gobernaste el trayecto,
su motor, el pulmón de
las velas en el asfixiante mediodía,
la hora
y sus alimenticios despojos,
la estrella, el monstruo y
las larvas de codicia con que infesta
al morder
la paz, la paz.

Sabía de
la última maldición del hado,
de ese mórbido consumo de los sentidos
que a fuerza de márqueting y happening
ha conseguido vender
como amor ultramoderno. Sabía
que tú eras su principal pregonero, más aún,
avalista de esa lepra.

Y sabiendo lo que sabía,
cuando los más bellos cuentos
sellaban las tumbas de la infancia
y la nada posaba su autorretrato,
primeramente nos amamos
y finalmente te amé.

Carmen Meca

sábado 17 de mayo de 2008

PENSANDO EN CONFUNDIRTE

Palparás seguro
una amarga ironía
en la media verdad que
se me escurre diez veces diez
desde el juicio a la cintura
con ese arte exquisito
de quien sabe
turbar y desalentar al mismo tiempo.

Tu candor ampara
mi apetito de impunidad,
que crece y crece
como el vientre sin límite
de una madre inhábil.

Si alargas tu mano
y rebuscas en mi pensamiento,
algo que no sabrás si es valioso
se cruzará en tu camino,
no lo tomes,
escúchalo, huélelo,
dale el rango de aquel trono
donde hay un dios que asiste
tanto si alzas la vista
como si bajas los ojos.

No tendrás que protegerte
contra mi violencia
aunque la intuyas
pues la espina que nadie quiere tener
se clava sobre sí misma
al darse cobijo,
prueba, por contra,
a salir impoluto del
baño de oro en que
te sumerjo los pies.
no sea que la riqueza que heredas
la dilapide el desconcierto.

Cuando mis palabras rompan
el espejo trampantojo
oculto tras mi mirada,
no hundas el semillero
con paso firme
porque nacerán dudas
de cada trozo,
parte a regar con crisantemos
el nicho donde el deseo
estalló y se descompuso.

Escucha, escucha,
que andas lejos y aún así…

Por nuestro encuentro
he soltado palomos
con un ala pintada y
la otra esculpida,
pequeños animales
mestizos de beso y carne
que llegarán después que yo
por rápido que vuelen.
Uno de ellos es auténtico,
los otros son
los aspirantes a príncipe.

Yo no sé si tú me entiendes,
yo quisiera hablarte claro.

martes 18 de marzo de 2008

OLVIDAOS

Olvidaos
por un momento
de que existo.
Y que no se acabe el mundo.

Abúrrase el reloj
de tanto aburrirse
siempre vuelta sobre vuelta
tan pesado.
Y que corra.

Compren y vendan
sin que en mí
piensen como cliente.
Y que ganen lo que toque.

Ni pese yo sobre el planeta
ni sea globo
que nadie haya perdido.
Y que sigan los festejos.

Ni buenos días,
ni disculpe,
ni sirva yo de atizador
de tan finos modales.
Y que sean las mismas las reverencias.

Borradme
de todas las listas:
las listas del censo,
las listas del paro,
las listas telefónicas,
de rebeldes,
de morosos...
Y que no se inquieten las naciones.

Vosotros, seguid,
no me esperéis
a la mesa
con aquellos que reclaman
el derecho a su corte.
Y que se vacíen los platos.

Dejad de estar pendientes
para que yo esté tranquila,
que sé lo que busco,
me he solicitado permiso,
a mí lo he otorgado.
Y que perviva el Derecho.

Callad mi indiscreción
de querer saber
si se puede ser no estando.

Y que se cuenten los cuentos.

Carmen Meca

viernes 8 de febrero de 2008

PERDIDO

Dejas de intentarlo y
el falso elemento cristaliza
mostrando sus garras de fiera,
el último lamento que reúnes
domicilia la sed en tu boca.

Se agotaron las posibilidades de nadar,
querrías ser topo o lombriz
y ése es el tercer deseo
carente de toda ansia.

Miras alrededor,
entre cientos de orillas
ninguna crees una oportunidad segura,
quizás te equivocas.

En un descuido de la bestia
obligas a tu sudor a ser testimonio de agua:
pretendes fingir que braceas de nuevo.
Pero el instinto de tragedia
es inmune al espejismo.

Se agotaron las posibilidades de parecer.

Sin aguardar órdenes,
tu necesidad última
es la primera en tomar el camino
sobre tierra seca,
las otras se despidieron
por el desagüe de la propia historia.

Al verla, incomprensiblemente dudas
si continuar ocultándote
-el disfraz imposible haría de tu pequeño fracaso
una gloria más cercana al triunfo-,
si huir, si repudiar el cielo apócrifo, si tocar fondo,
si agarrarte a la superficie afilada, si seguirla…

Tú estás vivo y la felicidad debe creerte muerto.
El amor mata más que el suicidio.

Carmen Meca